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efectuar para diferenciarnos y para innovar. Esto no tiene
por qué representar ningún incremento significativo de
costes.
Tampoco lo deben ser, pequeñas acciones de marketing
y relaciones públicas ideadas para atraer y fidelizar a
clientes. Y es que lejos de lo que muchos puedan pensar,
la publicidad no es un ámbito restringido a las grandes
empresas. Por ejemplo, una acción sencilla es la de ela-
borar poco a poco un fichero de clientes habituales. Lo
podemos hacer situando un expositor con unas fichas a
rellenar con un señuelo de un sorteo de pedir su opinión
sobre el establecimiento.
Este fichero de direcciones mail nos servirá periódica-
mente para remitir información general interesante, un
calendario de actividades – si hacemos-, un vale para
tomarse un café, una invitación a una demostración,…
Además, nada nos impide, por ejemplo, que un día con-
creto, enviemos un mail a todos los trabajadores de la
empresa situada junto a nuestra cafetería y que inter-
mitentemente acuden a nuestro establecimiento, invi-
tándoles a un café. Algún establecimiento que ha hecho
una acción de este tipo ha conseguido incrementar sus
clientes adictos.
El Precio
El precio es otro tema importante que también deberemos
estudiar. El precio condiciona el servicio, pero a su vez el
servicio también condiciona el precio. No existiría ningún
problema si todo terminase aquí, pero no podemos olvi-
darnos de que no estamos solos. Existe el consumidor y la
competencia, todos con intereses no siempre concordan-
tes. La venta solo fluye cuando todo se equilibra.
¿Cuál es el precio justo? Ni idea, pero un poco cínicamente
podríamos decir que como mínimo es aquel que nos per-
mite sobrevivir y como máximo es aquel que el cliente está
dispuesto a pagar y lo que es más importante aún, que
paga y que no significa ningún impedimento para repetir.
En el momento clave de la decisión de un consumidor,
nuestro establecimiento debe destacarse nítidamente,
debe brillar. Si tiene un precio superior a la competencia
– y en el sector de las cafeterías estas diferencias son mí-
nimas- no es ningún problema, pero esta diferencia debe
estar largamente compensada en la mente de nuestro
cliente. Y es que nuestro éxito dependerá, precisamente,
que el cliente valore las cualidades añadidas igual o más
de lo que realmente cuestan.
Conclusión
Si trabajamos metódicamente y con inteligencia, sere-
mos capaces de que todas estas ventajas que ofrecemos
a nuestro cliente no nos cuesten casi nada, porque tra-
bajar bien no cuesta más, y a veces hasta menos. En una
cafetería estamos vendiendo café, pero también, ilusión,
prestigio, seguridad, belleza, satisfacción,… aunque no
siempre sea evidente. Porque a fin de cuentas, esto es lo
único que todos queremos y lo que hace mover el mundo
desde que este empezó a rodar y a complicar la vida a los
que quieren triunfar
G E S T I Ó N