La línea que separa un comportamiento consciente de un desencadenamiento automático de la conducta es más fina de lo que pensamos y eso, según una nueva investigación, nos empuja a convertir rutinas en hábitos sin ser conscientes de la interacción que estos hábitos tienen en la adopción de nuevos comportamientos e incluso aceptación de nuevos productos.

¿Bebemos café por hábito o por gusto? Esta es la cuestión que ha investigado un reciente estudio de la Universidad de California del Sur (USC), en el que se concluye que la activación automática de un comportamiento, como la rutina matutina de consumo de café de una persona, es un hábito frente a la intención consciente de disfrutar, en este caso, de una buena taza de café. Este desencadenamiento automático de la conducta, frente a las intenciones conscientes, es lo que convierte a una conducta en un hábito, explica uno de los coautores del estudio y estudiante de doctorado en psicologia, Asaf Maza. Y es que, según se ha demostrado, a medida que los hábitos se forman a través del aprendizaje instrumental, las redes corticales relacionadas con el control de la acción cambian de la red asociativa impulsada por objetivos a la red de ganglios corticobasales sensoriomotores, basada en hábitos. Sin embargo, según los investigadores, en general subestimamos el papel del hábito en todos nuestros comportamientos y esto es, a menudo, lo que hace tan difícil que un determinado producto acabe teniendo éxito. «Gran parte de lo que hacemos todos los días es habitual, pero somos reacios a reconocer nuestros hábitos y, en cambio, atribuimos nuestros comportamientos a nuestro estado de ánimo y nuestras intenciones», añade la otra coautora, Wendy Wood, profesora de psicología y negocios de la USC.

¿SABEMOS RECONOCER NUESTROS HÁBITOS CON EL CAFÉ?​

Para demostrar esta cuestión, Mazar y Wood preguntaron a los participantes de su estudio qué es lo que les impulsaba a consumir café cada mañana. El número de respuestas que identificaba este consumo con “la fatiga y la necesidad de espabilarse” fue el doble de las que atribuyeron al primer café del día a un hábito. A continuación, los investigadores monitorizaron a los participantes del estudio en el transcurso de una semana, registrando su consumo de café y su cansancio cada dos horas y comprobaron que en contraste con las explicaciones de estos consumidores, el hábito era una influencia muy fuerte en su decisión de beber café, en algunos casos igual o incluso superior a su sensación de cansancio. “Descubrimos que los participantes sobreestimaron fuertemente el efecto del cansancio en su consumo de café y subestimaron el efecto del hábito. Incluso cuando a los participantes se les ofrecieron incentivos financieros para explicar con precisión por qué bebían café, mencionaron con más frecuencia la fatiga que el hábito” explica Mazar.

INFLUENCIA DE LOS HÁBITOS EN LA INTRODUCCIÓN DE NUEVOS PRODUCTOS

Subestimar este papel del hábito, influye en la adopción de nuevos productos o servicios, añade Wood, quien ya participó en un una investigación previa que determinó que es habitual que los consumidores se resistan a los productos que requieren algún cambio de hábito, y se aferran a los productos que se adaptan fácilmente a las rutinas existentes.